{"id":259,"date":"2021-01-17T17:48:37","date_gmt":"2021-01-17T17:48:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/?p=259"},"modified":"2021-01-17T17:51:04","modified_gmt":"2021-01-17T17:51:04","slug":"procrastinacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/2021\/01\/17\/procrastinacion\/","title":{"rendered":"PROCRASTINACI\u00d3N"},"content":{"rendered":"\n<p>Cuando conect\u00f3 el port\u00e1til y abri\u00f3 el correo electr\u00f3nico, un vistazo en diagonal le bast\u00f3 para ver que todos eran correos habituales: del banco, la biblioteca o el gimnasio, seguramente inform\u00e1ndole de alg\u00fan recibo pendiente, una novedad editorial o el cambio de horario de apertura. Todo muy normal. Al final de los nuevos mensajes del buz\u00f3n de entrada, hab\u00eda uno en el que el asunto pon\u00eda \u201cHola\u201d, cuando vio el remitente se qued\u00f3 helada.<\/p>\n\n\n\n<p>El correo lo enviaba To\u00f1o Gil Fern\u00e1ndez, su marido, fallecido hac\u00eda un a\u00f1o y medio.<\/p>\n\n\n\n<p>El coraz\u00f3n le dio un vuelco.<\/p>\n\n\n\n<p>Su primer impulso fue abrir el correo para leerlo, pero inmediatamente pens\u00f3 que deb\u00eda ser un error, y record\u00f3 el peligro de correos maliciosos y virus inform\u00e1ticos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No lo abri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Se qued\u00f3 unos instantes pensativa, decidi\u00f3 que ten\u00eda que borrarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo algo en su interior le imped\u00eda hacerlo, como si eliminar un correo electr\u00f3nico de la bandeja de entrada, fuera un acto en contra de la memoria de su marido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No lo borr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces cerr\u00f3 el port\u00e1til, dejando para m\u00e1s adelante la decisi\u00f3n sobre que hacer con el misterioso email. Se termino el caf\u00e9 con leche todav\u00eda humeante, el primero del d\u00eda, se puso el abrig\u00f3, cogi\u00f3 el bolso y sali\u00f3 de casa para ir al trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el convoy del metro al que deb\u00eda subir lleg\u00f3 al and\u00e9n, mir\u00f3 el reloj casi autom\u00e1ticamente: las ocho y veinte, cinco minutos m\u00e1s tarde de lo habitual. Sin duda la llegada del mail la hab\u00eda entretenido m\u00e1s de la cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p>Se hab\u00eda acostumbrado a ir en metro a todas partes. Desde aquel fat\u00eddico d\u00eda del accidente, le hab\u00eda cogido un miedo atroz a conducir. Las estaciones de metro se suced\u00edan mientras escuchaba m\u00fasica con los auriculares puestos, a\u00fan as\u00ed sab\u00eda en todo momento, en que tramo del trayecto estaba, sin tener que mirar el nombre de la estaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esta vez era distinto. La idea del correo electr\u00f3nico con el nombre de su difunto marido en el ordenador de casa, le martilleaba el cerebro. Estaba tan absorta en ese pensamiento, que hasta en tres ocasiones se sobresalto y tuvo que mirar el letrero luminoso anunciando la pr\u00f3xima parada.<\/p>\n\n\n\n<p>Sentada en su mesa de la oficina de la agencia de publicidad, en la planta dieciocho del edificio, pod\u00eda ver gran parte de la ciudad, y si estiraba un poco el cuello por encima de la pantalla del ordenador del trabajo, alcanzaba a ver un trocito de mar. Sobre la mesa un teclado y una pantalla, a la izquierda un mont\u00f3n de carpetas con los nombres de distintas campa\u00f1as, a la derecha en un lugar destacado, una foto de To\u00f1o y ella. Cada vez que la miraba se acordaba de lo felices que eran en ese viaje a C\u00f3rcega. El viaje de bodas, tres veranos atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Como cada ma\u00f1ana introdujo la contrase\u00f1a en el ordenador y entr\u00f3 en el sistema inform\u00e1tico de la empresa. De forma autom\u00e1tica se descargaron los emails de la empresa. Aunque desde el trabajo pod\u00eda conectarse a internet y consultar su correo particular, no lo hac\u00eda nunca. Ten\u00eda muy claro que no deb\u00eda mezclar lo profesional con lo privado. Pero al ver los mails laborales estuvo tentada de buscar el extra\u00f1o correo recibido en la ma\u00f1ana.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No lo hizo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las horas en la oficina transcurr\u00edan con la pesada losa de la duda, \u00bfqu\u00e9 contendr\u00e1 el email de To\u00f1o? Y segu\u00eda pregunt\u00e1ndose si abrirlo o borrarlo directamente. Todav\u00eda no se decid\u00eda a tomar una decisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>No le cont\u00f3 a nadie sus pensamientos. Desde que aquel coche se salt\u00f3 el sem\u00e1foro en rojo y le arrebat\u00f3 a su marido, dej\u00e1ndola a ella con vida, se hab\u00eda vuelto mucho m\u00e1s reservada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sab\u00eda de los mails trampa, hab\u00eda le\u00eddo en alg\u00fan sitio que eran correos que si los abr\u00edas, se descargaba un programa malicioso en tu ordenador y pod\u00eda robarte datos bancarios o bloquearte el ordenador.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLo m\u00e1s probable es que alguien haya hackeado la cuenta de correo de To\u00f1o, en desuso desde su muerte, enviando correos a todos sus contactos con alg\u00fan archivo infectado\u00bb pens\u00f3.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A la hora del descanso para comer, ten\u00eda bastante claro que en su port\u00e1til hab\u00eda un mail potencialmente peligroso que tendr\u00eda que borrar. En cuanto volviera a la oficina lo borrar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>No lo hizo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como cada tarde a la vuelta de la comida, la calma reinaba el ambiente de la oficina. Durante un rato dejaban de o\u00edrse tel\u00e9fonos sonando, impresoras publicando notas de prensa o fotocopiadoras escupiendo dinA4. Entonces, luchando contra el sopor habitual a esa hora, una idea cruz\u00f3 su mente: \u00bfY si hubiera alguna posibilidad de que realmente To\u00f1o quisiera contactar con ella?<\/p>\n\n\n\n<p>No era posible, lo sab\u00eda. \u00a1Pero es que se quer\u00edan tanto! Hasta aquella noche que un conductor les embisti\u00f3. To\u00f1o pas\u00f3 tres d\u00edas en coma, hasta que los m\u00e9dicos no pudieron hacer nada por mantenerlo con vida. Ella en cambi\u00f3 sali\u00f3 con una pierna fracturada, f\u00edsicamente viva, pero an\u00edmicamente muerta.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado sent\u00eda temor de que pudiera ser verdad. Todo eso del m\u00e1s all\u00e1, los esp\u00edritus y el esoterismo, le produc\u00eda respeto, por no decir miedo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco se fue instalando en su mente la idea de que To\u00f1o quer\u00eda contactar con ella, y al acabar la jornada laboral, le apremiaba llegar a casa y leer el email.<\/p>\n\n\n\n<p>Al salir de la estaci\u00f3n de metro cercana a casa, el oto\u00f1o empezaba a extender la noche sobre la ciudad. Cuando lleg\u00f3 al piso ya hab\u00eda oscurecido totalmente, y como cada d\u00eda al entrar, se sent\u00eda molesta y triste a la vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que se qued\u00f3 viuda aquella primavera, un a\u00f1o y medio atr\u00e1s, cada vez que llegaba a casa sent\u00eda rabia. Y maldec\u00eda al destino por no llev\u00e1rsela tambi\u00e9n a ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Dej\u00f3 el m\u00f3vil en la mesita de noche y se cambi\u00f3 de ropa para estar m\u00e1s c\u00f3moda, record\u00f3 el mail, y volvi\u00f3 a dudar. Pens\u00f3 que no estaba segura y que m\u00e1s tarde decidir\u00eda qu\u00e9 hacer con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>No ten\u00eda ganas de cocinar, se prepar\u00f3 un taz\u00f3n de chocolate caliente y se lo tom\u00f3 en la cocina. Entre sorbo y sorbo, le ven\u00edan pensamientos negativos, en su cabeza se reproduc\u00edan recuerdos visuales de relatos de terror y pel\u00edculas de fantasmas.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese momento la idea del correo de su marido empez\u00f3 a parecerle m\u00e1s inquietante que rom\u00e1ntica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De pie en el fregadero, mientras lavaba el taz\u00f3n y la cuchara, sinti\u00f3 una brisa de aire a su espalda. Como si alguien le soplara en la nuca. Instintivamente se gir\u00f3 y no vio a nadie, sin embargo notaba algo extra\u00f1o, una presencia desconocida.<\/p>\n\n\n\n<p>Un escalofr\u00edo recorri\u00f3 su espalda. Se apresur\u00f3 a secarse las manos y aceler\u00f3 el paso hasta el dormitorio. Se meti\u00f3 en la cama con la colcha tap\u00e1ndola hasta la nariz.<\/p>\n\n\n\n<p>Sab\u00eda que era una actitud infantil, pero no pod\u00eda evitarlo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Conect\u00f3 el televisor del dormitorio, pasaron los minutos y se fue relajando. Poco a poco el sue\u00f1o la venci\u00f3 y finalmente se durmi\u00f3. La despert\u00f3 el timbre del m\u00f3vil sonando. Lo cogi\u00f3 con los ojos medio cerrados, mir\u00f3 la pantalla y aterrorizada ley\u00f3 la llamada entrante: To\u00f1o.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando conect\u00f3 el port\u00e1til y abri\u00f3 el correo electr\u00f3nico, un vistazo en diagonal le bast\u00f3 para ver que todos eran correos habituales: del banco, la biblioteca o el gimnasio, seguramente inform\u00e1ndole de alg\u00fan recibo pendiente, una novedad editorial o el cambio de horario de apertura. Todo muy normal. 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