{"id":290,"date":"2021-02-07T22:06:55","date_gmt":"2021-02-07T22:06:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/?p=290"},"modified":"2021-02-07T22:06:55","modified_gmt":"2021-02-07T22:06:55","slug":"nunca-llueve-en-el-desierto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/2021\/02\/07\/nunca-llueve-en-el-desierto\/","title":{"rendered":"\u00bfNUNCA LLUEVE EN EL DESIERTO?"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>O al menos as\u00ed reza el dicho popular, que como todos los dichos populares se fundamentan en una verdad, aunque no absoluta. Siempre hay una excepci\u00f3n que confirma la regla, y yo experiment\u00e9 esa excepci\u00f3n en mis propias carnes.<\/p>\n\n\n\n<p>Llev\u00e1bamos ya muchos kil\u00f3metros sufriendo el calor de agosto viajando por el sur de Marruecos, circulando con la pantalla del casco abierta y todas las cremalleras de chaqueta y pantal\u00f3n desabrochadas, buscando la m\u00ednima aireaci\u00f3n que proporciona la marcha sobre la moto.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"720\" height=\"405\" src=\"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/03B4D199-5BD6-4803-9430-EA44C61380C5.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-291\" srcset=\"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/03B4D199-5BD6-4803-9430-EA44C61380C5.jpeg 720w, https:\/\/www.carlesbrotons.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/03B4D199-5BD6-4803-9430-EA44C61380C5-300x169.jpeg 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Era un viaje sin un objetivo definido, simplemente un par de amigos dando una vuelta en moto por el reino Alauita, con fecha de salida pero sin fecha de vuelta, por eso al llegar a Merzouga decidimos tomarnos unos d\u00edas de descanso.<\/p>\n\n\n\n<p>En ambientes moteros y viajeros, se hab\u00eda puesto de moda el alberge de Al\u00ed el Cojo, un personaje peculiar a qui\u00e9n a pesar de faltarle la pierna derecha, conduce por las dunas locales con una habilidad sorprendente cualquier veh\u00edculo todo terreno que caiga en sus manos. Pues bien, precisamente porque estaba de moda, no nos alojamos all\u00ed, sino en otra kasbah cercana.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al segundo d\u00eda de disfrutar del&nbsp;<em>dolce far niente<\/em>, nos surgi\u00f3 la oportunidad de realizar una excursi\u00f3n por las dunas del Erg Chebbi en dromedario. Quiz\u00e1s por aburrimiento o porque en el fondo tambi\u00e9n somos turistas, por m\u00e1s que nos creamos viajeros\/aventureros, aceptamos el ofrecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>El Erg Chebbi es un mar de arena, peque\u00f1o en comparaci\u00f3n con la inmensidad del Sahara, pero suficientemente grande como para tener la sensaci\u00f3n de perderte en el desierto, cuando te adentras en \u00e9l. Sus dunas ocupan una superficie de 22 kil\u00f3metros de largo por 5 de ancho, en los que solo hay arena y m\u00e1s arena. Aprovecho para recomendarte, si alguna vez visitas el lugar, que pases una noche al menos, durmiendo sobre la arena, lejos de kasbahs y albergues, sin techo y sin tienda, bajo las estrellas. Pocas veces me he sentido tan peque\u00f1o como la vez que yo lo hice. Aquella noche, una manta y un saco de dormir me bastaron para entrar en sinton\u00eda con el universo, en aquel vivac improvisado. Pero eso fue en otro viaje, muchos a\u00f1os antes.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"720\" height=\"405\" src=\"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/03671E4B-DEDE-436C-86CB-5BC6788552BC.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-292\" srcset=\"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/03671E4B-DEDE-436C-86CB-5BC6788552BC.jpeg 720w, https:\/\/www.carlesbrotons.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/03671E4B-DEDE-436C-86CB-5BC6788552BC-300x169.jpeg 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>El viaje del que te estoy hablando ahora, era mucho m\u00e1s prosaico, as\u00ed que una vez ataviados con pantal\u00f3n corto, camiseta, chanclas de goma y gafas de sol, nos montamos en los respectivos dromedarios, acompa\u00f1ados por el joven saharaui que hac\u00eda de gu\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El chico apenas hablaba franc\u00e9s, as\u00ed que en silencio y a paso lento nos fuimos alejando de las construcciones habitadas. El movimiento acompasado del animal, mec\u00eda mi cuerpo suavemente a derecha e izquierda, con tal cadencia que hac\u00eda que mi mente fluyera relajadamente. Hubo un momento en que casi llegu\u00e9 a desconectar el pensamiento. De repente una sensaci\u00f3n conocida pero desubicada me trajo de nuevo a la plena conciencia, era una gota golpe\u00e1ndome el rostro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfUna gota en la cara? No es posible, pens\u00e9. Aunque geogr\u00e1ficamente el Erg Chebbi no es el desierto del S\u00e1hara, no deja de ser una zona des\u00e9rtica en la que nunca llueve. Despu\u00e9s otra gota. Y otra m\u00e1s. Y despu\u00e9s muchas m\u00e1s. \u00bfNunca llueve en el desierto?<\/p>\n\n\n\n<p>Mi compa\u00f1ero y yo nos miramos sorprendidos. El joven gu\u00eda nos mir\u00f3 sonriendo, deshizo el turbante que llevaba en la cabeza y se lo volvi\u00f3 a poner de modo que le cubriera la cara, dejando tan solo una peque\u00f1a ranura en la tela por donde mirar, y seguimos avanzando.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El cielo se oscureci\u00f3 apagando el fuerte brillo del sol, la lluvia se intensific\u00f3 llegando a resultar molesta. Pero seguimos avanzando convencidos de que aquello era tan poco frecuente, que deber\u00eda durar muy poco m\u00e1s. \u00bfQu\u00e9 importaba mojarnos un poco? Incluso lo agradec\u00edamos despu\u00e9s de tanto calor en la carretera.<\/p>\n\n\n\n<p>Al poco rato a la lluvia se le sum\u00f3 el viento, de tal manera que los impactos de las gotas de agua en las zonas descubiertas del cuerpo, la cara, los brazos y las piernas, resultaban casi dolorosos. Decidimos parar a esperar que dejara de llover. El chico hizo que los dromedarios doblegaran las cuatro patas y se recostaran sobre su cuerpo, cuando estuvieron acostados los animales se puso en cuclillas muy pegado a uno de ellos, de manera que le hac\u00eda de paraviento. Nosotros le imitamos y nos arrodillamos junto al otro dromedario. La temperatura empez\u00f3 a bajar.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1bamos a la intemperie, en chanclas bajo una tormenta de lluvia y viento, con la poca ropa que llev\u00e1bamos empapada, piel con piel con los dromedarios. Pasaron los minutos y mi sorpresa lleg\u00f3 al l\u00edmite, cuando los golpes en mi piel dol\u00edan de verdad, y al observar que en la arena golpeaban peque\u00f1as bolitas de hielo que se fund\u00edan en cuesti\u00f3n de segundos. \u00a1Estaba granizando!<\/p>\n\n\n\n<p>El gu\u00eda hizo levantar de nuevo a los animales y con gran rapidez y habilidad, desat\u00f3 las peque\u00f1as sillas de montar y les despoj\u00f3 de las gruesas mantas que llevan entre la joroba y la silla. Nos ofreci\u00f3 una a nosotros y \u00e9l se cubri\u00f3 con la otra.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La escena era cuanto menos curiosa, literalmente adosados entre nosotros y al animal, con una pesada y apestosa manta cubriendo nuestras cabezas, temblando de fr\u00edo y esperando que dejara de granizar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando empezaba a extenderse sobre la arena un ligero manto blanco, dej\u00f3 de caer hielo del cielo y r\u00e1pidamente se abrieron las nubes, dejando ver de nuevo el sol. En pocos minutos volvi\u00f3 el bochorno, ahora acrecentado por los vapores que desprend\u00eda la arena h\u00fameda. El gu\u00eda volvi\u00f3 a ensillar a los dromedarios, mientras repet\u00eda\u00a0<em>shukraan, shukraan, in sha allha,\u00a0<\/em>nos montamos en ellos y emprendimos el regreso.<\/p>\n\n\n\n<p>En el trayecto de vuelta intentamos preguntarle al chico si la kafkiana e incre\u00edble tormenta que hab\u00edamos sufrido era algo habitual, pero nuestra ignorancia del idioma \u00e1rabe y su desconocimiento del franc\u00e9s, hicieron imposible toda comunicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegando a nuestro albergue en cambio, s\u00ed que se hizo entender, y a su manera nos dijo que le acompa\u00f1\u00e1ramos a comprar alfombras a buen precio, al taller de su familia. Esas frases de &#8220;el taller de mi familia\u201d y \u201calfombras a buen precio\u201d la he escuchado tantas veces en tanta ocasiones que he viajado por Marruecos, que declinamos su invitaci\u00f3n.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que ya ten\u00edamos cubierto el cupo de turistas por una buena temporada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>O al menos as\u00ed reza el dicho popular, que como todos los dichos populares se fundamentan en una verdad, aunque no absoluta. Siempre hay una excepci\u00f3n que confirma la regla, y yo experiment\u00e9 esa excepci\u00f3n en mis propias carnes. 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