{"id":442,"date":"2021-05-16T20:57:46","date_gmt":"2021-05-16T20:57:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/?p=442"},"modified":"2021-05-16T20:57:46","modified_gmt":"2021-05-16T20:57:46","slug":"amazonia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/2021\/05\/16\/amazonia\/","title":{"rendered":"AMAZON\u00cdA"},"content":{"rendered":"\n<p>Hab\u00edamos llegado el d\u00eda anterior, despu\u00e9s de varias horas navegando por el r\u00edo Napo en un escueto cayuco sobrecargado con 4 mochileros y un gu\u00eda local. A pesar de ser un afluente directo del r\u00edo Amazonas, el Napo en esa \u00e9poca del a\u00f1o llevaba tan poco caudal que en varias ocasiones tuvimos que bajar de la barca y llevarla en volandas a fuerza de brazos para superar alg\u00fan que otro saliente de rocas. En Puerto Misahuall\u00ed la capitan\u00eda del puerto nos sell\u00f3 los pasaportes, control imprescindible para poder navegar por los r\u00edos de la Amazon\u00eda ecuatoriana. Antes de embarcar Mario, el gu\u00eda, nos llev\u00f3 a la cantina del poblado a comprar provisiones para la traves\u00eda que nos esperaba por la selva. Aparte de Mario, el grupo lo form\u00e1bamos una pareja de hermanos israel\u00eds, chica y chico, mi compa\u00f1era y yo, y para semejante grupo las provisiones compradas se limitaron a una bolsa de pan de molde tama\u00f1o familiar, una lata de at\u00fan en conserva de 1 kg. y 2 botellas de coca-cola de 2 litros cada una, am\u00e9n de las botellas de agua varias que llev\u00e1bamos cada uno en la mochila.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al desembarcar del cayuco repartimos el avituallamiento entre todas las mochilas y, calzados con botas de agua, nos alejamos de la riba del r\u00edo siguiendo un peque\u00f1o sendero durante 40 minutos, hasta una agrupaci\u00f3n de tres chozas con techo de chamizo, elevadas sobre troncos para evitar que las alima\u00f1as pudieran acceder a su interior. Nos subimos a una de ellas por unos precarios escalones, era la sobriedad personificada: una estancia di\u00e1fana, con el suelo de madera por el que se ve\u00eda la tierra metro y medio m\u00e1s abajo, abierta a los 4 vientos y rodeada por una barandilla de troncos atados entre s\u00ed con cuerdas de c\u00e1\u00f1amo y liana, sin paredes, sin puertas, sin intimidad. Las otras dos chozas estaban habitadas por varias familias de etnia napuruna, predominante en la zona. Nos hab\u00edan recibido con amabilidad pero con un cierto aire de recelo, quiz\u00e1 de miedo. Extendimos sobre unos montones de paja y hierba nuestros finos sacos de dormir, la m\u00ednima tela para que no nos devoraran los mosquitos y las ara\u00f1as durante las calurosas horas nocturnas y volvimos a salir a la imaginaria plaza de arena formada por unos troncos horizontales a modo de bancos entre las tres chozas. All\u00ed sentado, me deleit\u00e9 observando como a medida que oscurec\u00eda, aumentaba el nivel de los cantos de los p\u00e1jaros y los aullidos de los monos desde la espesura cercana. Al poco rato se acerc\u00f3 un anciano acompa\u00f1ado de dos hombres m\u00e1s, quienes deduje que eran vecinos del poblado. Nos saludaron estrechando uno a uno nuestras manos y en un momento nos vimos rodeados de ni\u00f1os correteando y riendo junto a nosotros. Apenas hablaban espa\u00f1ol, nos comunic\u00e1bamos mediante gestos y gracias a la traducci\u00f3n que nos hac\u00eda Mario, que hablaba perfectamente quechua del Napo, el idioma local. Tras un buen rato de pl\u00e1tica vinieron las mujeres, portando una gran perola humeante y unos cuantos cubiertos y platos met\u00e1licos abollados, en los que sirvieron una especie de pur\u00e9 blanquecino con frijoles. Mario nos explic\u00f3 que era yuca cocida, que las familias locales compart\u00edan la comida cogi\u00e9ndola directamente con la mano desde la perola y que el hecho de ofrec\u00e9rnosla en platos era una muestra de bienvenida respetuosa. T\u00edmidamente cenamos lo que nos ofrecieron, m\u00e1s por cortes\u00eda que por el sabor de la comida, nuestro paladar urbanita no est\u00e1 acostumbrado a ciertos sabores. La noche avanz\u00f3 y el cansancio me fue venciendo, hasta que me dorm\u00ed sobre la tarima de la choza, escuchando cantos, aullidos, pitidos y chillidos de la fauna selv\u00e1tica. La noche pas\u00f3 con el sue\u00f1o inquieto por el continuo pero sigiloso movimiento de la cercana selva y al aumentar los aullidos y silbidos con las primeras luces, lentamente nos fuimos desperezando.<\/p>\n\n\n\n<p>Una ex\u00f3tica ducha al aire libre, a base de un cubo de agua fr\u00eda sujeto con cuerdas en lo alto de un \u00e1rbol, me trajo bruscamente a la realidad de la selva. Desayunamos galletas con una bebida caliente a base de achicoria, cualquier parecido con el caf\u00e9 era pura coincidencia, y nos calzamos de nuevo las botas de agua.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El gu\u00eda nos dio unas instrucciones claras: \u00abcaminad uno detr\u00e1s de otro en fila, no alc\u00e9is la voz ni hag\u00e1is ruido excesivo, vigilad las serpientes que cuelgan de los \u00e1rboles y mantened los ojos bien abiertos\u00bb. Acto seguido cogi\u00f3 un pu\u00f1ado de frutos peque\u00f1os redondos y rojizos, los estrujo en una mano y con el l\u00edquido que desprend\u00edan nos marc\u00f3 dos se\u00f1ales rojas en la frente a cada uno de nosotros. \u00abEs achote\u00bb dijo, \u00abnos proteger\u00e1 all\u00e1 donde vamos\u00bb. Despu\u00e9s sac\u00f3 dos enormes machetes, me dio uno y me dijo: \u00abt\u00fa ir\u00e1s dos metros detr\u00e1s de m\u00ed desbrozando y cortando, entre los dos iremos abriendo paso, vigila no me des a m\u00ed\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Mario era adusto y parco en palabras, por eso cada vez que hablaba los cuatro le escuch\u00e1bamos con atenci\u00f3n. Adem\u00e1s, la seriedad de su expresi\u00f3n hizo que su locuci\u00f3n me quedara muy presente. Empezamos a andar y a los pocos minutos est\u00e1bamos dando machetazos empapados de sudor, no eran ni las 10 de la ma\u00f1ana, pero la humedad de la selva invad\u00eda nuestro cuerpo. Machete en mano me llam\u00f3 la atenci\u00f3n que era de la marca Bellota, de fabricaci\u00f3n espa\u00f1ola. El avance en la espesura resultaba cansado y farragoso, no solo por el ejercicio f\u00edsico de dar golpes de machete para abrir un m\u00ednimo paso entre ramas y lianas, sino tambi\u00e9n porque a cada paso que d\u00e1bamos nuestros pies se hund\u00edan en la tierra fangosa y arb\u00f3rea. Definitivamente las botas de agua de goma tipo katiuska, eran el mejor calzado para moverse en este medio, h\u00famedo y oscuro por la sombra de la selva que lo cubr\u00eda todo. Yo me sent\u00eda totalmente desubicado. Me gusta salir de mi zona de confort, pero aquello era demasiado. Adem\u00e1s, seguramente por mi formaci\u00f3n de gu\u00eda de monta\u00f1a, necesito saber d\u00f3nde estoy exactamente en cada momento y en aquella tupida selva no consegu\u00eda orientarme lo m\u00e1s m\u00ednimo. De vez en cuando Mario se deten\u00eda un momento, alzaba la vista hacia las copas de los \u00e1rboles que lo cubr\u00edan todo, observaba en qu\u00e9 posici\u00f3n estaba el sol y cambiaba de direcci\u00f3n. Tambi\u00e9n de vez en cuando, nos daba una escueta informaci\u00f3n sobre los animales que o\u00edamos: ahora un tuc\u00e1n, ahora un mono aullador, o se\u00f1alaba con el machete y el brazo extendido hacia un colibr\u00ed libando una flor, una serpiente enroscada en una rama o una enorme ara\u00f1a peluda en el suelo, que nuestra vista poco habituada no lograba ver por s\u00ed sola. En la selva nunca hay silencio. Casi sin avisar, entre machetazo y machetazo, llegamos a un cauce de r\u00edo. Ten\u00edamos que cruzarlo. Nos quedamos en ropa interior y con la ropa en la mochila por encima de nuestras cabezas, entramos en el agua. Acalorados como est\u00e1bamos, el frescor del agua nos apetec\u00eda y el remoj\u00f3n nos sent\u00f3 bien, aunque la corriente ten\u00eda tanta fuerza que cruzando pasito a pasito, nos desplaz\u00f3 bastantes metros de nuestra ruta. Al otro lado del r\u00edo nos secamos un poco y proseguimos nuestra expedici\u00f3n. El calor h\u00famedo a esta hora ya era asfixiante, y cuando el sol ya estaba casi en el punto m\u00e1s alto del d\u00eda, llegamos a un peque\u00f1o lago. Aquello era paradis\u00edaco. Escondido en la selva amaz\u00f3nica se nos apareci\u00f3 una laguna de aguas tranquilas y transparentes, con una peque\u00f1a cascada en un extremo que aportaba un buen chorro de agua constante. A los cuatro mochileros nos parec\u00eda que hab\u00edamos encontrado un tesoro escondido, y es que realmente lo era. \u00abAqu\u00ed comeremos\u00bb dijo secamente el gu\u00eda, \u00abpodemos ba\u00f1arnos antes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>No puedo describir con palabras lo que sent\u00ed al zambullirme en aquellas aguas cristalinas. Mi cuerpo caliente y empapado en sudor, r\u00e1pidamente se refresc\u00f3 y se mantuvo en una temperatura ideal. Flotando en la laguna, miraras donde miraras alrededor, la espesura de la selva la rodeaba formando frondosas paredes de vegetaci\u00f3n, como si de una ba\u00f1era se tratara, dotando al lugar de una peculiar privacidad. Aquello deb\u00eda ser lo m\u00e1s parecido a estar en el vientre materno. Estuvimos un buen rato retozando en el agua y despu\u00e9s nos repartimos entre los cinco la lata de at\u00fan, el pan de molde y las coca-colas que hab\u00edamos comprado la v\u00edspera en Misahuall\u00ed. El \u201c\u00e1gape\u201d dur\u00f3 cinco minutos, por frugal y escaso y por el hambre que ten\u00edamos. Cargamos la bolsa, botellas y lata vac\u00edas en las mochilas, y de nuevo nos adentramos en la selva amaz\u00f3nica. Al poco rato Mario dijo: \u00absi os hab\u00e9is quedado con hambre, ahora comeremos los postres\u00bb. Pens\u00e9 que nos mostrar\u00eda alg\u00fan delicioso fruto tropical escondido. Pero no. En medio de aquella espesa vegetaci\u00f3n, observamos un claro en el que extra\u00f1amente no hab\u00eda ni un \u00e1rbol o arbusto en un di\u00e1metro de quince metros, salvo un endeble arbolito de ramas largas y estrechas, situado en el centro geom\u00e9trico del claro. \u00abEste peque\u00f1o \u00e1rbol se come todos los nutrientes de su alrededor, por eso no puede crecer nada cerca de \u00e9l\u00bb, nos explic\u00f3 el gu\u00eda, y a\u00f1adi\u00f3: \u00aben \u00e9l habitan una especie de hormigas que contienen mucho \u00e1cido c\u00edtrico, aqu\u00ed tenemos el postre de lim\u00f3n\u00bb. Nos quedamos todos extra\u00f1ados y asentimos con una sonrisa, como diciendo: \u00abs\u00ed claro\u00bb. Mario se acerc\u00f3 al arbolito, tomo una rama de la que sobresal\u00eda una an\u00f3mala protuberancia y con el filo del machete empez\u00f3 a rascar suavemente el bulto hasta que lo agujere\u00f3. Del agujero empezaron a salir unas hormigas peque\u00f1itas, de unos dos o tres mil\u00edmetros de largo. Con la punta del machete rasp\u00f3 el agujero y sac\u00f3 un pu\u00f1ado de larvas blancas y hormigas correteando, \u00abaqu\u00ed ten\u00e9is el postre \u00bfqui\u00e9n quiere probarlo?\u00bb Quiz\u00e1s por el hambre, quiz\u00e1s por mi curiosidad innata, pero no me lo pens\u00e9, dije \u00ab\u00a1yo!\u00bb alzando el dedo. El resto del grupo me miraba con asco y giraban la cabeza mientras acercaba la boca al machete. Cuando tuve la mezcla de hormigas y larvas en la boca, Mario me dijo: \u00abtienes que aplastar las hormigas con la lengua contra el paladar, o te bajar\u00e1n las hormigas andando por dentro del cuello\u00bb. Le hice caso y sent\u00ed como chasqueaban los cuerpecitos al chafarse dentro de mi boca y autom\u00e1ticamente me invad\u00eda un suave sabor a lim\u00f3n. Dos veces repet\u00ed la operaci\u00f3n, mientras mis compa\u00f1eros me dec\u00edan que estaba loco. Tras esta experiencia gastron\u00f3mica extrema, proseguimos la excursi\u00f3n.&nbsp;&nbsp;Seguimos durante horas avanzando a golpe de machete, hasta que de repente la intensidad de la vegetaci\u00f3n disminuy\u00f3 y llegamos a la aldea de la que hab\u00edamos salido por la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar, Mario nos dijo que por la noche vendr\u00eda el cham\u00e1n de la zona, para hacer la ceremonia de la ayahuasca, que esa ceremonia era muy conveniente, puesto que hab\u00edamos estado transitando por zonas de la selva en las que habitan los esp\u00edritus, ya que ning\u00fan ser humano hab\u00eda circulado nunca, o en todo caso hac\u00eda mucho que no pasaba nadie. Nos dijo que la ayahuasca nos ayudar\u00eda a hacer la limpieza de esp\u00edritus malignos que nos hubieran podido seguir hasta la aldea. Y a\u00f1adi\u00f3: \u00absi tomas ayahuasca, hablar\u00e1s con los monos\u2026\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Cay\u00f3 la noche y empezaron a sonar timbales y c\u00e1nticos, provenientes de los hombres que se hab\u00edan sentado en los troncos de la placita central. En el centro, una hoguera proyectaba sombras titubeantes alrededor. Al rato de estar escuchando los mon\u00f3tonos tambores, hizo su aparici\u00f3n el cham\u00e1n. Iba vestido con ropa occidental, pero con la cara pintada con achote y un tocado de plumas y liana en la cabeza, y cruz\u00e1ndole el pecho, un enorme zurr\u00f3n curtido en mil ceremonias. Le preced\u00edan dos hombres que deb\u00edan ser sus ayudantes, por la forma en que obedec\u00edan sus instrucciones.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Se sent\u00f3 y empez\u00f3 la ceremonia encendiendo un enorme cigarro puro. Algunos hombres y mujeres fueron pasando mientras yo observaba curioso el proceso: la persona a \u201cpurificar\u201d se colocaba de rodillas frente al cham\u00e1n mientras este aspiraba el puro con fuerza, para seguidamente echar el humo a la cabeza de la persona directamente sobre el cabello, despu\u00e9s le daba a beber un liquido marr\u00f3n en un trozo de coco a modo de taz\u00f3n. Para acabar vert\u00eda un chorro de una botella de aguardiente en el mismo coco y tambi\u00e9n se la beb\u00eda de un trago. Todo ello amenizado con el canturreo murmurado del chaman, seguramente invocando a que se marcharan los malos esp\u00edritus. Al acabar, la persona ya \u201cpurificada\u201d se apartaba a tumbarse en el suelo, lejos de la mirada del resto de gente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El gu\u00eda empez\u00f3 a calentar agua para cocinar unos espaguetis para el grupo, entonces pregunt\u00f3 qui\u00e9n quer\u00eda probar la ayahuasca, y otra vez como un resorte, levant\u00e9 el dedo. \u00abEntonces hablar\u00e1s con los monos\u00bb, volvi\u00f3 a decir Mario.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No soy creyente de esp\u00edritus, ni de dioses, ni de religiones, pero la observaci\u00f3n de aquella ceremonia me llam\u00f3 poderosamente la atenci\u00f3n y el ansia de probar y conocer me empuj\u00f3 a hacerlo. Nadie m\u00e1s del grupo quiso acompa\u00f1arme.<\/p>\n\n\n\n<p>Me puse de rodillas ante el cham\u00e1n, me tir\u00f3 el humo del puro que estaba casi acabado, y me dio a beber la ayahuasca de color marr\u00f3n. Ten\u00eda un sabor amargo, pero me tragu\u00e9 entera la bebida en el coco que me ofreci\u00f3, despu\u00e9s beb\u00ed el aguardiente en el mismo coco y esta vez me cost\u00f3 tragarlo, de tan fuerte que era aquella bebida alcoh\u00f3lica. Me incorpor\u00e9 y me retir\u00e9 a sentarme en la oscuridad, mientras el cham\u00e1n segu\u00eda murmurando oraciones y los timbales no cesaban. All\u00ed estaba yo sentado, esperando que vinieran a hablarme los monos. Pero no vinieron. En cambio s\u00ed que vinieron mis hijas. M\u00edriam y Laura de ocho y cuatro a\u00f1os respectivamente, estaban en Espa\u00f1a a casi 9000 km. de distancia, y sin embargo las ten\u00eda delante. Iban ataviadas con taparrabos y plumas en la cabeza y cuando llegaron a mi lado se pusieron a bailar al ritmo de la percusi\u00f3n que sonaba. Yo estaba sonriendo y pregunt\u00e1ndoles c\u00f3mo hab\u00edan llegado hasta all\u00ed, pero ellas se limitaban a bailar sin contestar mi pregunta. Al cabo de unos minutos de estar viendo con mis propios ojos a mis hijas, sus caritas se transformaron y dejaron de ser ellas. En realidad eran dos ni\u00f1as del poblado, que hab\u00edan venido hasta nosotros para dedicarnos unos bailes t\u00edpicos. Pero yo os juro que vi a mis hijas. El efecto de la ayahuasca se transform\u00f3 entonces en un terrible mareo. Todo se mov\u00eda a mi alrededor. Giraban las estrellas, giraba la fogata, giraban las chozas y yo no me ten\u00eda sentado. Empec\u00e9 a vomitar. No quiero ser muy expl\u00edcito pero te dir\u00e9 que lo hice en grandes cantidades, a chorro y con m\u00e1s fuerza que nunca lo hab\u00eda hecho. Despu\u00e9s me dorm\u00ed. No mucho rato, pues cuando me despert\u00e9 el cham\u00e1n ya se estaba retirando. Sub\u00ed a la parte elevada de la choza donde estaban mis compa\u00f1eros que me preguntaban si hab\u00eda hablado con los monos. Les estaba contestando que no, cuando vi en un rinc\u00f3n restos de los espaguetis que hab\u00edan cenado. Sin pensarlo me abalanc\u00e9 sobre la cazuela y los devor\u00e9 como si hiciera d\u00edas que no com\u00eda. \u00abNo he hablado con monos, pero he visto a mis hijas\u00bb. Me miraron, ahora s\u00ed, convencidos de que&nbsp;estaba loco. Ya no recuerdo nada m\u00e1s, hasta que me despert\u00f3 el canto de la selva al amanecer.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En aquel viaje por Ecuador tambi\u00e9n ascendimos los volcanes Guagua Pichincha de 4794 m. y Cotopaxi, de 5897 m. de altitud, entre humeantes fumarolas de azufre. Bajamos en mountain bike, los casi 2000 metros de desnivel desde la cumbre del Rucu Pichincha hasta la ciudad de Quito. Pudimos observar de noche la erupci\u00f3n del volc\u00e1n Tungurahua, con los r\u00edos de lava incandescente desliz\u00e1ndose por sus laderas. Sin embargo la experiencia m\u00e1s impactante para m\u00ed, fue la que vivimos en la selva. La Amazon\u00eda me ofreci\u00f3 un viaje tan duro, que no me permiti\u00f3 dedicarme a tomar fotos. De aquel viaje, si no fuera porque qued\u00f3 el sello del control del puerto de Misahuall\u00ed en el pasaporte, creer\u00eda que fue un sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/DB51DAD0-EB63-46DA-881E-40C723A81707_1_105_c.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-443\" srcset=\"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/DB51DAD0-EB63-46DA-881E-40C723A81707_1_105_c.jpeg 768w, https:\/\/www.carlesbrotons.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/DB51DAD0-EB63-46DA-881E-40C723A81707_1_105_c-225x300.jpeg 225w\" sizes=\"(max-width: 767px) 89vw, (max-width: 1000px) 54vw, (max-width: 1071px) 543px, 580px\" \/><figcaption>No fue un sue\u00f1o.<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hab\u00edamos llegado el d\u00eda anterior, despu\u00e9s de varias horas navegando por el r\u00edo Napo en un escueto cayuco sobrecargado con 4 mochileros y un gu\u00eda local. A pesar de ser un afluente directo del r\u00edo Amazonas, el Napo en esa \u00e9poca del a\u00f1o llevaba tan poco caudal que en varias ocasiones tuvimos que bajar de &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/2021\/05\/16\/amazonia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;AMAZON\u00cdA&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[190,191,192,195,22,194,193,5,14],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/442"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=442"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/442\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":444,"href":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/442\/revisions\/444"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=442"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=442"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.carlesbrotons.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=442"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}